La cirujana Oana Goidescu estaba de turno en un hospital rumano a 120 kilómetros de Bucarest cuando llegó la alerta: un grupo de ransomware llamado BackMyData había infiltrado Hipócrates, el sistema informático que decenas de hospitales del país usaban para gestionar historiales, análisis de laboratorio, radiología y suministros. En cuestión de horas, más de cien hospitales tuvieron que desconectarse por completo de internet para frenar la propagación del ataque. El personal médico volvió al papel y al lápiz para seguir atendiendo pacientes mientras los equipos de respuesta trabajaban contrarreloj. Goidescu describió después lo desconcertante que fue ver desaparecer de golpe toda la información clínica de sus pacientes.
El responsable de ciberseguridad rumano que coordinó la respuesta, Dan Cimpean, resumió la lección con una frase que hoy repiten analistas de todo el mundo: «cuanta más tecnología se tiene, cuanto más digitalizado se está, mayor será el riesgo». Ese episodio, ocurrido en 2024 y todavía citado como caso de estudio internacional, anticipó lo que 2026 ha confirmado a escala global: la ciberseguridad dejó de ser un problema técnico de nicho para convertirse en una amenaza directa a la vida cotidiana, la economía y la estabilidad institucional.
Un año de brechas a gran escala
2026 ha sido, según coinciden múltiples informes del sector, uno de los años más intensos en incidentes de alto impacto. En marzo, la empresa estadounidense de tecnología médica Stryker sufrió un ataque atribuido a un grupo vinculado a la inteligencia iraní, que logró borrar remotamente decenas de miles de dispositivos de empleados y paralizó operaciones durante varios días. Poco después, el grupo criminal ShinyHunters vulneró Canvas, el sistema de gestión de aprendizaje de la empresa Instructure, y sustrajo datos personales de más de 30 millones de estudiantes y trabajadores; al no recibir el pago exigido, los atacantes regresaron y desfiguraron las pantallas de acceso de escuelas que dependían de la plataforma. En otro caso, una credencial emitida en 2022 y nunca desactivada permitió a la banda de extorsión Icarus penetrar los sistemas de la empresa Klue y, desde ahí, acceder a las claves de nube de cerca de 200 organizaciones cliente, entre ellas firmas reconocidas del sector tecnológico.
Estos casos ilustran un patrón que los analistas llevan meses advirtiendo: ya no hace falta vulnerar directamente a una gran empresa si se puede comprometer a un proveedor que le da acceso a cientos de ellas.
Lo que dicen los números globales
El Global Cybersecurity Outlook 2026 del Foro Económico Mundial, elaborado junto a Accenture, documenta que siete de cada diez personas encuestadas fueron víctimas de ciberfraude —o conocen a alguien que lo fue— en el último año. El fraude ha desplazado al ransomware como principal preocupación de los directores generales, aunque los responsables de seguridad de la información siguen viendo en el ransomware y en la fragilidad de la cadena de suministro sus mayores riesgos operativos.
La inteligencia artificial es, al mismo tiempo, la herramienta de defensa más prometedora y el arma más peligrosa en manos de los atacantes. El Global Threat Report de CrowdStrike registró un aumento del 89% en ataques basados en IA, y encontró que el 82% de las intrusiones detectadas no utilizó malware tradicional, sino ingeniería social, robo de credenciales y abuso de herramientas legítimas de inteligencia artificial. Más de 90 organizaciones fueron vulneradas a través de plataformas de IA generativa manipuladas para generar comandos maliciosos.
América Latina, la región con menos confianza
Ningún dato retrata mejor la brecha global que la confianza regional en la propia capacidad de respuesta: según el Foro Económico Mundial, solo el 13% de los encuestados en América Latina y el Caribe confía en que su país pueda responder a un incidente grave contra infraestructura crítica, la cifra más baja de todas las regiones del mundo, muy por debajo del 84% registrado en Oriente Medio y Norte de África.
La región enfrenta además un déficit de talento particularmente severo: el 69% de los directores generales latinoamericanos admite no contar con el personal ni las habilidades necesarias para cumplir sus objetivos de ciberseguridad, la segunda brecha más alta del planeta después de África subsahariana. Kaspersky, que monitorea la actividad maliciosa en la región de cara al Mundial 2026, reportó más de 1.9 millones de ataques diarios de malware dirigidos a empresas latinoamericanas solo en 2025, con Colombia registrando un promedio de 117.000 ataques diarios. Pese a ese volumen, cerca de un tercio de las empresas de la región reconoce no tener un plan de ciberseguridad definido.
Hacia dónde mira la defensa
Frente a este panorama, la industria coincide en varias líneas de respuesta:
- Identidad como nuevo perímetro. Con el auge de los agentes de inteligencia artificial que operan de forma autónoma dentro de las organizaciones, la gestión de accesos ya no puede limitarse a empleados humanos. Cada agente de IA necesita autenticación, permisos acotados y monitoreo, o se convierte en una puerta de entrada más para los atacantes.
- Arquitectura Zero Trust. El principio de «nunca confíes, siempre verifica» se ha consolidado como estándar de facto: ningún usuario, dispositivo o proceso se considera seguro por defecto, dentro o fuera de la red corporativa.
- Automatización con supervisión humana. Las plataformas SOAR permiten contener incidentes en segundos, pero los propios informes de la industria advierten contra la automatización sin control: la clave está en el equilibrio entre velocidad de respuesta y juicio humano.
- Criptografía poscuántica. Gartner estima que los avances en computación cuántica dejarán obsoleta la criptografía asimétrica actual hacia 2030, lo que ha disparado la alarma sobre ataques del tipo «recoger ahora, descifrar después», en los que adversarios almacenan datos cifrados hoy con la intención de descifrarlos en cuanto la tecnología lo permita.
El marco regulatorio se endurece
En Europa, las directivas NIS2 y DORA han elevado las exigencias de resiliencia operativa digital, con sanciones más severas para quienes no puedan demostrar de forma verificable su capacidad de prevenir, detectar, responder y recuperarse ante un incidente. En América Latina, países como Colombia, Costa Rica y Chile han impulsado estrategias nacionales de seguridad digital y marcos de gestión de riesgo, aunque la baja confianza institucional sugiere que ese esfuerzo regulatorio todavía no ha convencido a quienes más lo necesitan.
El factor humano, la grieta que persiste
Una encuesta de Gartner encontró que más de la mitad de los empleados utiliza cuentas personales de inteligencia artificial generativa para tareas laborales, y uno de cada tres admite haber introducido información confidencial en herramientas no autorizadas. A esto se suma una escasez global estimada en 4.8 millones de profesionales de ciberseguridad, según el ISC², una brecha que en América Latina se calcula en 700.000 especialistas.
Recomendaciones básicas que siguen vigentes
Para empresas:
- Adoptar un marco de gestión de riesgo (como ISO 27001 o el NIST CSF) y auditar regularmente a proveedores críticos
- Segmentar redes para que un solo punto de entrada no comprometa toda la infraestructura
- Establecer políticas de cifrado para datos sensibles y revocar de inmediato accesos de exempleados o pilotos vencidos
- Ensayar el plan de respuesta a incidentes antes de necesitarlo, no después
Para usuarios individuales:
- Activar autenticación multifactor en todas las cuentas críticas
- Mantener sistemas y aplicaciones actualizados sin demora
- Desconfiar de llamadas o mensajes que piden restablecer contraseñas con urgencia, una técnica de ingeniería social en aumento
- Evitar introducir información sensible en herramientas de IA no autorizadas por el empleador
Una conclusión compartida
Del hospital rumano que tuvo que volver al papel al fabricante de dispositivos médicos paralizado por hackers estatales, los incidentes de los últimos dos años dejan una misma enseñanza: la resiliencia no se improvisa el día del ataque, se construye antes. Como advierte el propio informe del Foro Económico Mundial, la brecha entre quienes pueden defenderse y quienes no sigue abriéndose, entre regiones, entre sectores y entre grandes y pequeñas empresas. En ese desequilibrio se juega buena parte de la confianza digital de los próximos años.
Fuentes: Foro Económico Mundial (Global Cybersecurity Outlook 2026), CrowdStrike (Global Threat Report 2026), Gartner, ISC² (Cybersecurity Workforce Study), Kaspersky (Panorama de Amenazas Corporativas), El Mostrador / La Opinión (reportaje sobre el ciberataque a hospitales de Rumania), DiarioBitcoin (recuento de brechas de 2026), ManageEngine / WEF (prioridades regionales de ciberseguridad).









